Don Simon vs Granini : ¿dónde están los naranjos?

El caso que nos ocupa no es algo nuevo. El grupo García Carrión (propietario de la marca Don Simón) lleva basando su estrategia de comunicación en la publicidad comparativa, o algo similar, desde el año 1998. Se vanagloria este grupo alimenticio de “informar al consumidor”. Si tomamos la Ley de Competencia Desleal y en concreto el Art.10, podemos comprobar que la comparación es lícita en ciertos aspectos: los productos cumplen las mismas necesidades, y las características de la comparación son esenciales, pertinentes y verificables. Hasta ahí estoy de acuerdo.El matiz que quizá ha pasado por alto viene al principio del precepto que dice que la comparación debe ser, ante todo objetiva.

¿Cómo podemos pedir una comparación objetiva a una empresa que busca únicamente un lucro comercial? Informar a los consumidores será una estrategia más para conseguir que su trozo del pastel del consumo de zumos en España, no lo toquen otras compañías.

No conviene olvidar que Autocontrol, una Asociación que solo impone castigos “morales” a sus asociados, no es un tribunal de justicia y la guerra aún no ha acabado. En mi humilde opinión, tan reprobable es engañar a los consumidores por parte de Granini ya que es cierto que puede inducir a error a un cierto número de personas (no sé decir con exactitud si el consumidor medio es tan poco perspicaz), como hacer “sangre” utilizando los errores de una campaña para abrir una herida donde atacar por parte del grupo García Carrión. Si uno puede caer en una publicidad ilegal por engaño, el segundo puede caer en una publicidad claramente denigratoria y que muestra un claro intento por desprestigiar a su competidor.

De hecho, y siguiendo con la opinión personal, mostrar triunfantes los supuestos éxitos en publicidad comparativa por parte de GC no hace sino denigrar para mi gusto su propia imagen. A nadie engañan diciendo que se preocupan por el consumidor, y menos aún comprobando que son capaces de alabar las excelentes cualidades del zumo exprimido en contraposición con el zumo concentrado (la base de la reclamación contra Granini), contando en su cartera de productos con zumos a base de concentrado.

Dicho esto, llegamos a la conclusión. ¿Puede erigirse el grupo GC en juez que permita o no la publicidad de las demás marcas? ¿Puede comportarse dicho grupo alimentario como un organismo de salud oficial que enseñe a los consumidores qué es bueno y qué es malo? ¿Hay un fin realmente altruista por parte de esta compañía para informar a los consumidores? La respuesta a estas tres preguntas para mi es no.

Que cada consumidor compre lo que desee, si quiere comprar un zumo a base de concentrado adelante, no entiendo por qué este grupo tiene que decirme como consumidor qué es mejor para mi. Menos entiendo esta circunstancia cuando ellos mismos también ofertan zumos concentrados, que a estas alturas ya es casi lo de menos, pero nos demuestra la escasa solidez del objetivo informativo de sus acciones comunicativas. Estar en la delgada línea de lo legal no equivale a erigirse como juez y creerse con la razón universal.

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